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Me duele ser mujer

Me duele el cuerpo, las horas de desvelo, el cansancio de los días haciendo todo, las noches sin dormir, las horas sin descanso. Me duelen tantos roles cumplidos a la vez y la culpa de no poder con todos.

Me duele desde niña, ya es parte de mi piel, de tanto repetirse se volvió permanente como un tatuaje.

La primera vez que lo sentí fue cuando a muy temprana edad tuve conciencia de las miradas de esos hombres en la calle, esos mucho mayores que yo que disfrutaban acosándome, robando mi inocencia, haciendo que me sintiera avergonzada de mi cuerpo, de mis labios, de mis piernas. Que me obligaban a agachar la cabeza para no encontrarme con sus miradas pervertidas, sucias de abuso.

El dolor de crecer en un entorno que en lugar de protegerme me vulneraba. No eran sólo los desconocidos en la calle también mis profesoras que en lugar de enseñarme a defender mis derechos me acusaron de mala conducta cada vez que quise levantar la voz y me llamaron conflictiva cuando no estuve de acuerdo o intenté enfrentar alguna injusticia.

Continuaba el dolor en mi casa, con mi padre y sus variadas formas de agredirme, a mi y a mis hermanos y otra vez el miedo que me impedía actuar. El miedo de saberse pequeña, frágil, de sentirse impotente. Ese miedo que con los años se convirtió en dolor de garganta, de cabeza, de estómago...ese miedo que se volvió un tumor y me enfermó de cáncer.

Me duele ser mujer cada vez que escucho historias de abuso como el que sufrí en la infancia, tantos relatos de mujeres que como yo fueron sometidas a malos tratos, vulneradas en sus derechos en la más grosera impunidad de una sociedad ciega y sorda a nuestro dolor. Una sociedad que nos enseño a sentir culpa, verguenza y miedo en lugar de rabia, firmeza y determinación para lograr defendernos.

Me duele mi adolescencia cuando quise explorar y expresar mi deseo y me llamaron "fácil" o "suelta" castrando el erotismo y robando la alegría de esa exploración. Me duelen los adjetivos de "loca", "tonta" en mi juventud y el recuerdo de haber sido castigada con desamor y abandono.

Me duele ser mujer cada vez que me doy cuenta del gran esfuerzo que hacemos, pero aún así se nos hace más difícil alcanzar nuestros sueños en un mundo gobernado por hombres, si señores, donde ustedes solo precisan lidiar con su humanidad, mientras nosotras cargamos el peso del mundo sobre los hombros, intentando cumplir con todo lo que supone es nuestra obligación para por fin recibir un trato justo.

Me duele ser mujer y siento rabia por ese dolor, porque al mismo tiempo me sé y me siento maravillosa, me alcanzo a percatar con claridad de nuestras virtudes, percibo el latido de la vida, intuyo nuestro poder, vivo nuestra fuerza. He podido traspasar la barrera del abuso, convirtiendo en realidad mis sueños. Y me pregunto, ¿Porque tiene que doler? ¿Qué necesito para poder disfrutar el ser mujer?

Necesito ser vista, escuchada, reconocida, validada y valorada. No porque sea insegura, tampoco porque no confíe en mi poder, basta de culparnos a nosotras, no nos falta nada de nada. Ni autoestima, ni confianza, ni un carajo! Simplemente lo necesitamos porque es lo justo, porque así tiene que ser, porque este mundo esta en deuda con cada una de nosotras.

Este mundo de hombres esta en deuda con esa niña que fue abusada, violentada y pasada a llevar por su padre, su tío, abuelo o profesor. Le debe a esa joven que ha sido juzgada por desear, por querer vivir su sexualidad, por atreverse a ser dueña de su cuerpo. También a esa mujer trabajadora que tiene que aguantar condiciones laborales desiguales aún cuando le entrega a su trabajo la vida entera, sacrificando las horas con sus hijos y sus tiempos de descanso. Con todas las mujeres que eligen no ser madres y tienen que soportar ser públicamente juzgadas y tratadas como homicidas. A tantas mujeres que a diario son descalificadas, golpeadas y hasta asesinadas.

A todas nosotras, este mundo de hombres nos debe respeto. Mientras esto no ocurra, disfrutar el ser mujer seguirá siendo una dolorosa utopía.

Continuaremos la lucha desde el anonimato, hasta ser miles, millones las valientes que como ese grupo de estudiantes diremos "basta ya de aguantar" y por fin alzaremos nuestra voz tan alto que resonara en cada rincón de esas casas y calles hasta ahora sordas.

Confío en que no estaremos solas, serán cada vez más los hombres que se sumarán a nuestra causa, porque esta pelea es también para ustedes, para la reivindicación de sus madres, hermanas, hijas y compañeras de vida. Esta lucha es para liberarnos a todos del estigma del machismo y el patriarcado.

El respeto llegará de la mano de la sanación de nuestras heridas, porque sanar es un acto de resistencia. Sanar la culpa, enfrentar el miedo, dejar atrás la verguenza es lo que nos dará la fuerza para nunca más rendirnos, para dejar de callar y obedecer.

Me declaro una activista, estoy profundamente comprometida con esta causa; en mi casa como madre y pareja, en mi rol profesional y en mi desarrollo personal. Es mi responsabilidad hacer algo con este dolor porque sueño con un mundo donde las mujeres disfrutemos y nos sintamos orgullosas y agradecidas de ser mujeres.

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